miércoles, 27 de agosto de 2008

La biotecnología tiene potencial

Destacado científico habló sobre la enseñanza de la biotecnología en las escuelas.

"La biotecnología no es la panacea, pero tiene potencial"

Diario El Comercio, miércoles 27 de agosto de 2008

Entrevista ALBERT SASSON

Por Sandro Medina Tovar

http://www.elcomercio.com.pe/edicionimpresa/Html/2008-08-27/la-biotecnologia-no-panacea-tiene-potencial.html

Considerado una autoridad mundial en biotecnología, el científico Albert Sasson afirma que los problemas relacionados con el hambre y el cambio climático podrían solucionarse o, al menos, disminuir, si se ponen en marcha proyectos de investigación sobre biotecnología.

"No estoy diciendo que la biotecnología sea una panacea, pero tiene un potencial sumamente importante para disminuir el hambre en países en vías de desarrollo si se aplica a sectores como la medicina, la medicina veterinaria, la agricultura, la minería, entre otros", comentó el científico.

En sus ponencias sobre biotecnología habla sobre lo que tendrían que hacer los científicos o estudiantes universitarios, pero ¿qué se debería hacer en las escuelas de educación básica?
Hay que hacer un gran esfuerzo, pero no para enseñar la tecnología, sino más bien todas las ciencias biológicas o ciencias de la vida, porque son la esencia de la biotecnología, la cual se puede aplicar en los diferentes campos de la ciencia o acciones del hombre.

¿Conoce usted una experiencia que merezca su atención al respecto?
En América Latina existe la Fundación Redbio Internacional (www.fundacionredbio.org), una red de biotecnología vegetal que tiene un programa precisamente de promoción de la educación en biotecnología. Esta experiencia demuestra cómo es posible realizar trabajos de ciencia con los niños, porque todo empieza en la escuela. Los temores que hay hoy en día en ciertos círculos no existirían si nosotros hubiéramos tenido en la escuela la práctica de manipular, por ejemplo, el ADN.

¿Está usted seguro de esta afirmación?
Absolutamente. Yo estoy seguro de que mis nietos no tendrán estos temores hacia la manipulación genética porque, para ellos, aislar o cortar una molécula será un ejercicio más de laboratorio de estudiantes de secundaria, mientras que, para nosotros --hablo por los de mi generación--, hemos vivido con un dibujo en la pizarra y, entonces, había que esperar llegar hasta la universidad para recién tener contacto con estos elementos o componentes biológicos.

¿Entonces, las polémicas surgidas actualmente, como la de los alimentos transgénicos, se acabarían?
Cierto. La falta de información (y no digo que es la única razón)... Pero la falta de información y educación (o las dos) puede explicar muchos malentendidos o temores sobre los avances de la biotecnología.

LA FICHA
Nombre: Albert Sasson.
Profesión: Doctor de Recursos Naturales y Microbiología.
Origen: Rabat, Marruecos.
Edad: 73 años.
Cargo: Ex subdirector general de la Unesco.
Organización: Presidente de BioEuroLatina. El doctor Sasson, además, fue distinguido recientemente con el grado académico de doctor honoris causa por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

Transgénicos no enferman

“Hasta ahora nadie se enferma por transgénicos”

Diario Expreso, miércoles 27 de agosto de 2008

por Vanessa Cabanillas
http://www.expreso.com.pe/edicion/index.php?option=com_content&task=view&id=32405&Itemid=34

El director científico del Centro para la Ciencia de la Biodiversidad Aplicada del organismo mundial Conservation International en esta entrevista habla de los beneficios del uso de los transgénicos en el mundo y descarta que su cultivo sea incompatible con el desarrollo de la agricultura orgánica, como sostienen sus detractores.

¿Se pueden usar transgénicos para producir biocombustibles?

Sí. La tecnología transgénica permite manipular los genomas de los organismos, algo que ha hecho la naturaleza desde hace más de 5 mil años. Todo organismo en el mundo es producto de esta manipulación. Siempre se ha dado, ya sea a través de cruces, híbridos, etc., por lo que usar la biotecnología molecular es sólo la última herramienta, que ya se emplea de forma común en Estados Unidos, Europa y otros lugares con fines medicinales, donde nadie se opone a aplicarla para salvar la vida humana ni se ha enfermado ni ha causado algún tipo de desastre ecológico.

¿Qué beneficios da el uso de esta tecnología?

Cualquier mejoramiento genético de los cultivos mejora su productividad, reduce el problema de las plagas. Sin embargo, hay gente que, como producto de una reacción emotiva, se opone a su uso en la agricultura; pero será inevitable, no sólo que se emplee en toda la cadena de producción agrícola sino también en la producción de biocombustibles.

Los que se oponen argumentan que afecta a la agricultura orgánica.

Ese es un tema crucial y no científico. Hay mercados en los que la gente no quiere comer transgénicos, están en su derecho; para ellos, el país puede producir soya, papa y maíz orgánicos, entre otros productos, que para vender sólo necesitará certificación, pero cultivar transgénicos no impide desarrollar un mercado orientado al consumo de productos orgánicos.

También hablan de una contaminación a través del polen que, por ejemplo, una abeja puede pasar de un cultivo transgénico a otro orgánico, ¿es factible?

La gente está buscando sus argumentos. No obstante, países como Estados Unidos, Argentina y Brasil, que ya los cultivan, han logrado organizar sus cadenas productivas para evitar algo así. Ello no quiere decir que no haya algún riesgo, pero hasta ahora no ha ocurrido nada. Y es que los transgénicos son parte de un proceso lógico del desarrollo científico, que todo país que quiera ser competitivo en el futuro tiene que adaptar.

lunes, 25 de agosto de 2008

Piqueo Transgénico

Semana Económica No 1135, Págs. 4-6
Lunes, 25 de agosto de 2008

por Andrea Baracco y Hugo Gallegos
http://cbperu.org/pdf/SemanaEconomica-25Ago2008.pdf

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por Andrea Baracco y Hugo Gallegos
http://cbperu.org/pdf/SemanaEconomica-25Ago2008.pdf

La discusión en torno al ingreso al país de los cultivos transgénicos ha generado tanta polémica que hasta los enfrentamientos al interior del Poder Ejecutivo han empezado a ventilarse mediáticamente. ¿Qué está realmente en juego?


“Yo estoy solo y a veces me desespero”, confesó recientemente el ministro del Ambiente, Antonio Brack, refiriéndose a la necesidad de evangelizar al resto de miembros del gabinete sobre la preservación de la biodiversidad frente a los cultivos transgénicos u organismos genéticamente modificados (OGM).

Los OMG son el resultado de la transferencia de un gen específico de una especie a otra. Así, mediante la biotecnología, se puede incorporar las bondades de una proteína, la resistencia a una bacteria, al frío o a la sequía.

Al respecto, el Ejecutivo no tiene una posición única. Por un lado el Ministerio de Agricultura (Minag) y el de Comercio Exterior y Turismo (Mincetur) han tomado una posición favorable hacia una agricultura transgénica regulada, en tanto que el Ministerio del Ambiente (Minam) mantiene una posición menos optimista, sustentada en su pedido de salvaguardar la biodiversidad.

El presidente Alan García frenó en julio la publicación del reglamento de bioseguridad, cuando el Minag esperaba contar con él para permitir la entrada de semillas transgénicas al país. Ahora será sometido a una nueva evaluación, antes de que el Ejecutivo tome una posición final. Y usted, ¿ya asumió postura en este candente debate?

Divergencia oficial

La posición pro transgénicos del Minag se basa en su expectativa de que éstos eleven la producción agrícola, lo cual garantizaría la “seguridad alimentaria” del país y, de paso, ayudaría también a reducir la pobreza rural. Un informe del Servicio Internacional para la Adquisición de Aplicaciones Agro-biotecnológicas (ISAAA) señala que la adopción del algodón Bt (resistente a insectos) en China e India incrementó los rendimientos en 50% y 10%, respectivamente, y redujo el uso de insecticidas a la mitad.Además, al usar menos maquinaria para la aspersión de plaguicidas se reducen las emisiones de dióxido de carbono, lo cual equivale a retirar del parque automotor 5 millones de autos anualmente”, dijo el ministro de Agricultura, Ismael Benavides, quien sindicó a los lobbies de las empresas internacionales de plaguicidas y agroquímicos como responsables de la campaña antitransgénica.

Desde el bando opositor, se alerta que la introducción de cultivos transgénicos afectaría la biodiversidad y haría al país dependiente de grandes transnacionales de semillas patentadas, como la estadounidense Monsanto. Al respecto, la FAO, si bien reconoce la mayor productividad de los OGM, señala también que el desplazamiento de cultivos tradicionales sí podría afectar la biodiversidad.

Por lo pronto, el Minam propone una moratoria de cinco años para tomar una decisión, postura cuestionada por el retraso que generaría para garantizar el abastecimiento alimenticio. Esta situación se agudiza aun más debido al alza mundial del precio de los alimentos (SE 1099) que, según se estima, viene siendo impulsada por la demanda de países como China. Además, existe la preocupación por lo que podría ocurrir en el transcurso del período de moratoria, lapso en el cual podrían entrar semillas transgénicas de contrabando, como ocurre con la soya en Bolivia.


A las pruebas me remito

“Actualmente se realiza el mejoramiento genético clásico (distinto al de los OGM), que representa un riesgo mayor para el consumo humano”, señala Santiago Wadsworth, biólogo peruano del Institut de Biologie Moléculaire des Plantes CNRS de Francia.

En el caso de los transgénicos se escoge una particularidad establecida por un gen para posteriormente insertarla en otra especie. Por el contrario, el mejoramiento convencional logra cruces en una misma especie que implicarían el conjunto total de genes, es decir, entre 20,000 y 40,000 de éstos. Así, cada combinación sería distinta, ya que el cambio se realiza en todo el genoma. En el caso convencional, el proceso de prueba dura aproximadamente 15 años, mientras que en el transgénico, entre cinco y seis años.

En los países productores desde 1995 existen normas para la coexistencia entre los cultivos transgénicos y los convencionales. Se considera la distancia entre éstos, el posible desplazamiento del polen, etcétera; la UE ya cuenta con directivas que lo especifican. “Si bien existe una probabilidad de contaminación, los estudios de campo miden ese riesgo y lo descartan”, asegura Albert Sasson, presidente de BioEuroLatina.


¿Agro peruano transgénico?

Para Sasson, la biotecnología puede dar mayor valor comercial y productividad a la biodiversidad agrícola peruana. Incluso, hay quienes señalan que –paradójicamente– los cultivos transgénicos podrían salvarla de los efectos del cambio climático.

Conforme se ha adelantado, una de las críticas a la agricultura transgénica es la posibilidad de que ésta “contamine” a los cultivos nativos. Al respecto, Juan Risi, jefe del Instituto Nacional de Investigación Agraria (INIA), dice que el reglamento a aprobarse contemplaría las medidas para reducir este peligro. Pero, en todo caso, el funcionario recuerda que ya hay convivencia de variedades híbridas de algodón y maíz con sus contrapartes nativas, sin que haya problemas de cruzamiento de plantas.

En cuanto a la dependencia de la semilla transgénica importada, Ernesto Bustamante, decano nacional del Colegio de Biólogos del Perú, afirma que si bien hay seis grandes multinacionales de semilla transgénica, sí hay espacio para una industria nacional. “En la India hay 60 compañías que fabrican o crean estas semillas y en China hay 300”, dice el especialista, quien agrega que las semillas transgénicas foráneas deben ser adaptadas previamente a la realidad local. “Es decir, uno tiene que crear sus propios transgénicos para atacar sus plagas, pues éstas no son las mismas en todo el mundo”, añade.

Más bien, en el Perú no se habría aprovechado la aplicación de conocimientos científicos para el mejoramiento heredable de las plantas. Luis Alonso García, abogado del Estudio Echecopar y ex viceministro de comercio exterior, señala que en materia de innovación de plantas, el Perú ya cuenta desde 1996 con un sistema sui géneris (no se cuenta con patentes para plantas ni animales) de “obtención de nuevas variedades vegetales” (Decreto Supremo 008-96-Itinci), régimen sustentado en la Decisión 345 de la CAN, que sugiere lo mismo en el caso de los países miembros. Más allá, el TLC con EEUU señalaría que el Perú debería hacer esfuerzos razonables para lograr tener un sistema de protección para patentes de plantas, pero no como una obligación directa.

Así, el INIA podría desarrollar semillas transgénicas para que empresas locales o extranjeras las exploten comercialmente. Se estima que desarrollar una variedad transgénica tomaría entre 10 y 12 años para las pruebas de bioseguridad alimentaria y ambiental. Y en el caso de las semillas importadas, el tiempo que tomaría liberarlas sería de cuatro años. Por lo pronto, el INIA desarrollará un Centro Nacional de Biotecnología con una inversión de US$30 millones y está investigando una variedad transgénica de papaya que elimine el virus del mosaico.

Según Alex Grobman, presidente de PeruBiotec y asesor del Minag, se han identificado cultivos de agroexportación que podrían tener una variedad transgénica que las haga competitivas. Al respecto, entre los cultivos no nativos que no generan riesgos para la biodiversidad se cuentan el café, el espárrago, los cítricos, el mango, la caña de azúcar, entre otros. Se sabe que Chile está desarrollando una variedad de uva transgénica que saldría al mercado simultáneamente a la producción peruana, lo cual eliminaría una ventana de oportunidad local.

Adicionalmente, hay quienes dudan de la apuesta del ministro Brack por la agricultura orgánica como contraposición a la transgénica. Bustamante indica que, si bien el año pasado las exportaciones agrícolas orgánicas llegaron a US$160 millones, éstas tienen un tope de US$250 millones, pues no hay suficiente guano de isla para intensificarlas. Sobre ello, el ministro Brack señala que existen proveedores como Bayer que ofrecen fertilizantes orgánicos; sin embargo, el bajo rendimiento de los orgánicos en comparación con la agricultura tradicional y la transgénica hace que se dude de su capacidad de garantizar el abastecimiento del mercado.

Para los especialistas consultados, el mentado peligro de que una agroexportación transgénica nos cierre mercados no es certero, pues si bien hay países europeos en contra, hay otros tantos que sí la desarrollan. Además, en opinión de Grobman, Asia constituiría un mercado expectante.

Mundo “trans”

El último reporte del ISAAA (2007) señala que el mundo cuenta con una superficie cultivada acumulada (1996-2007) de 690 millones de hectáreas de cultivos biotecnológicos. Para el último año, el reporte resalta el incremento anual de éstos en un 12%, una de las tasas más importantes desde el 2002. En ese sentido, el número de países productores de biocultivos se incrementó a 23 –donde un 50% son países desarrollados–, de los cuales Chile –con claros objetivos exportadores– y Polonia se integraron el último año. El número de productores pobres beneficiados en países en desarrollo ha excedido por primera vez los 10 millones, y el número total de productores para el período estudiado superó los 50 millones. No obstante, un punto pendiente cuestionaría si el incremento en los cultivos mundiales de OGM evidenciaría la simpatía de los productores y consumidores por sus beneficios.

Sobre la producción, existe en el mundo una diversidad de casos: en Uruguay, más del 90% de la soya producida es transgénica, Australia ya viene elaborando una semilla de trigo resistente a la sequía; en la India la berenjena genéticamente modificada (GM) será autorizada; China cuenta con financiamiento público para ensayos en alimentos básicos como los cereales. Por el contrario, Venezuela se declaró libre de transgénicos en el 2004.

Publicaciones especializadas como Science Magazine destacan que el 80% de la producción hawaiana de papaya ya es GM, y que con los años las variedades mejorarán notablemente. Contrariamente, en el 2000 a través de la variedad de arroz dorado (golden rice o GR1) se obtuvieron 1.6 microgramos de vitamina A por grano, deficiencia que obligaría a requerir de 3 kg de golden rice por ración diaria para cumplir con una dieta estándar. Posteriormente, la nueva semilla GR2 ofrecería un 23% más de vitamina A que el arroz convencional.

El dilema del consumidor


Otro de los principales cuestionamientos a los transgénicos se relaciona con su impacto en la salud. Sobre éste, Sasson indica que “en los casos en los cuales se detecta alergénicos, la investigación se detiene. Por ello, las variedades que podrían afectar a la salud se conocen y no se usan”. En ese sentido, organismos internacionales como la OMS cuentan con acciones específicas, en este caso, el Programa de Inocuidad Alimentaria, y también –conjuntamente con la FAO– con el Codex alimentario para identificar cualquier clase de alimento que implique riesgos. Sin embargo, resalta la importancia de contar con un sistema nacional de regulación, como ocurrió con el maíz starlink, para la identificación local de alergénicos.

Actualmente, se ha presentado en el Congreso de la República un proyecto de ley relacionado con el etiquetado y solicitud de un período de cinco años de moratoria para el ingreso de esta clase de productos. De acuerdo con Cecilia Mendiola, asesora de Aspec en Asuntos Ambientales (y esposa del ministro Brack), “si bien habrá demanda de productos transgénicos, lo que interesa es que el consumidor tenga información completa para que pueda elegir; como en el caso de los cigarros, el consumidor elige su destino”. El objetivo de etiquetar este tipo de productos sólo debería responder a la utilidad del consumidor, “ya que atenta contra el Codex alimentario”, remarca Bustamante. Sin embargo, es posible que se esté consumiendo transgénicos a través de las carnes, pues muchos animales son alimentados, por ejemplo, con maíz GM.

Los investigadores evidencian que los riesgos relacionados con los transgénicos, al ser seguidos e identificados constantemente, podrían no constituir un peligro. Sin embargo, “no debería considerarse por igual a la producción de plantas que incluyan una toxina contra una plaga y a los alimentos con proteínas adicionales”, dice Wadsworth. Por ejemplo, en el caso mexicano, la legislación indica que los productos derivados de cultivos GM sólo contendrán una etiqueta informativa para el consumidor en el caso de que su contenido varíe respecto de un producto convencional.

Para un mejor desarrollo de estas prácticas, Luis Alonso García reiteró que queda claro que el asunto debe ser regulado más allá del ámbito de la propiedad intelectual, enfocándose en el consumidor (sobre el etiquetado, el permiso de comercialización, etcétera).

Dicho esto, ¿se anima usted por un almuercito transgénico?

domingo, 24 de agosto de 2008

Debate sobre Transgénicos en diario El Comercio

MESA REDONDA: El Comercio convocó a (de izquierda a derecha) Antonio Brack, ministro del Ambiente; Jorge Caillaux, de la Sociedad Peruana de Derecho Ambiental; Ernesto Bustamante, decano del Colegio de Biólogos; Antonieta Gutiérrez, docente de la UNALM; Luis Destéfano, de la U. Cayetano Heredia; al científico Modesto Montoya; Juan Risi, del Instituto Nacional de Investigación Agraria; y Javier Velésquez Quesquén, presidente del Congreso.

ESPECIAL

Piden adecuada supervisión de transgénicos para evitar riesgos

Diario El Comercio, 24 de agosto de 2008

http://www.elcomercio.com.pe/edicionimpresa/Html/2008-08-24/piden-adecuada-supervision-transgenicos-evitar-riesgos.html

A la espera de la publicación del reglamento de bioseguridad de Agricultura, El Comercio realizó una mesa redonda que recoge las propuestas de científicos, ambientalistas y funcionarios del Gobierno

Por Marienella Ortiz / Carlos Necochea


El ingreso de los cultivos transgénicos (modificados en su estructura molecular con un gen ajeno que puede provenir de otra planta, un animal o incluso una bacteria) resulta en el futuro cercano un hecho. Existe todo el marco legal que lo permite y lo que viene es la reglamentación a cargo del Ministerio de Agricultura, para garantizar su control y supervisión.

Sin embargo, aún persisten las dudas con relación a si los transgénicos deben ser parte de una política de promoción por parte del Gobierno o todo lo contrario y si, además, tendrán algún impacto en nuestra biodiversidad.

Para tratar de encontrar algunas luces en este debate que tiende a crear polos entre los que están a favor y aquellos en contra, El Comercio organizó la mesa redonda Transgénicos: Definición de Políticas de Estado, con la participación de investigadores y representantes del Gobierno. Esta mesa redonda fue moderada por Alejandro Miró Quesada Cisneros, director de esta casa editora, así como por Juan Paredes Castro, editor central de Política y Opinión, y por Mario Cortijo, editor central de Informaciones.

Durante este debate se ventilaron las distintas posturas sobre el tratamiento de los transgénicos en el país, que van desde aquellas que plantean una moratoria de 5 años para planificar con mayor cuidado su ingreso, hasta los que consideran un gran atraso el no investigar y desarrollar nuestras propias variedades transgénicas. Estos últimos plantean que ese es el mejor camino para incrementar la productividad del campo.

Sin embargo, el principal temor estuvo expresado en un posible impacto negativo en nuestra biodiversidad. "El Perú no es cualquier país. Tiene 10 mil años de biotecnología. Me refiero a todas esas miles de variedades domesticadas, luego de un proceso larguísimo de cruces", afirmó el ministro del Ambiente, Antonio Brack.

Si no fuera posible una moratoria, planteó la importación de semillas transgénicas de productos que no sean parte de nuestros recursos genéticos, como los mangos o uvas. Una idea similar tuvo el presidente del Legislativo, Javier Velásquez Quesquén, quien insistió en la necesidad de una moratoria selectiva para los productos que tengan variedades nativas en nuestro país.

BIODIVERSIDAD
La presencia del nuevo Ministerio del Ambiente ha orientado en las últimas semanas la discusión hacia la revalorización de nuestra riqueza genética frente a los transgénicos que podrían cruzarse con sus variedades nativas. Brack dejó en claro que abrir el mercado de las semillas transgénicas solo genera rentabilidad para empresas multinacionales dedicadas a ese negocio.

Para el decano del Colegio de Biólogos del Perú, Ernesto Bustamante, no habría que satanizar a las empresas que se dedican a la venta de esas semillas. Luego hizo una serie de críticas a lo dicho por el ministro Brack, lo que demostró lo difícil que puede resultar el consenso en este tema. Seguidamente expuso a modo de ejemplo lo siguiente: "El 40% de la cosecha de las papayas se pierde por virus, y eso lo tenemos que solucionar los peruanos por la vía de los transgénicos".

Esta posición fue secundada por el investigador Luis Destefano Beltrán, coordinador de la Unidad de Investigación Genética de la Universidad Cayetano Heredia. Mencionó que con una posible variedad transgénica de la maca roja, que aleje a los pulgones y las polillas, se podría generar un mercado de hasta US$300 millones, pues está demostrado que esa especie ataca los problemas de la próstata.

Dentro de la comunidad científica una posición distinta la tuvo Antonieta Gutiérrez, profesora principal de la Universidad Agraria de La Molina. "¿Podemos ser productores de nuestros propios transgénicos? Es cierto, pero cuando tengamos bien fortalecidas nuestras autoridades y podamos realizar trabajos en el campo sin la duda de estar trasladando o no genes a los parientes silvestres", apuntó.

Jorge Caillaux Zazzali, presidente de la Sociedad Peruana de Derecho Ambiental, dijo que probablemente es mucho más rentable la opción de un Estado promotor del desarrollo biotecnológico --no necesariamente con transgénicos-- basado en nuestro patrimonio biológico sobre el cual todavía falta mucho por conocer y preservar.

BIOSEGURIDAD
En esa línea, el jefe del Instituto Nacional de Investigación Agraria (INIA), Juan Risi, señaló que la bioseguridad que será plasmada en los futuros reglamentos será muy estricta, lo que evitará cualquier impacto en nuestra riqueza genética. Adelantó que el proyecto de reglamento de bioseguridad de su sector señala, entre otras cosas, que sembrar transgénicos en forma desautorizada tendrá una multa y una sanción.

Otro factor que podría garantizar la bioseguridad, según propuso Gutiérrez, será una zonificación geográfica del país en función de los lugares donde están concentrados nuestros recursos genéticos. De esta forma, señaló, se restringiría el cultivo de transgénicos en esas zonas identificadas.

Lo siguiente será esperar la publicación del reglamento del Ministerio de Agricultura, para que todas las propuestas sean escuchadas.

EN PUNTOS
Perú debe proteger su biodiversidad
1. El Perú firmó en 1992 y ratificó en 1993 el Convenio de Diversidad Biológica del Protocolo de Cartagena, que lo obliga a proteger su riqueza genética.

2. En el Perú existen 3.000 variedades de papa, 50 ecotipos de maíz y 2.016 variedades de camote.

3. El investigador Luis Destefano indica que países como Malasia, con gran biodiversidad, invierten millonarias sumas en los transgénicos.

4. Desde hace más de 10 años que los transgénicos se comercializan en el mundo.

miércoles, 30 de julio de 2008

RIESGO, INCERTIDUMBRE Y POLÍTICA

Transgénicos, Riesgo, Incertidumbre y Política Democrática

por: Iván Lanegra
http://blog.pucp.edu.pe/item/27570

Agrobiodiversidad
He estado tentado de escribir hace varias semanas sobre este tema que ha logrado cierta notoriedad pública, pero existían vacíos importantes de información sobre las posiciones de los distintos sectores en el tema. Pero las declaraciones del Asesor del Ministro de Agricultura, Alexander Grobman me han animado finalmente a precisar algunos puntos del debate, no desde una mirada de las ciencias naturales, sino desde la ciencia política, acompañada con algunas notas jurídicas.

Riesgo e Incertidumbre

La distinción entre riesgo e incertidumbre es muy conocida. Riesgo significa que no existe un sólo resultado de una determinada acción, pero sí sabemos cuáles son los posibles resultados, y también conocemos las probabilidades de que cada uno de ellos se produzca. Si lanzo una moneda al aire, no existe un solo resultado posible, puede salir cruz o cara. Pero sabemos que cada resultado tiene una probabilidad del 50% de producirse. En cambio, la incertidumbre implica un desconocimiento sobre los posibles resultados, con lo cual es imposible cualquier intento de calcular probabilidades. El principio precautorio, por el cual la falta de certeza científica absoluta no debe ser razón para no adoptar medidas que eviten daños al ambiente, se aplica en situaciones de incertidumbre, y no de riesgo (en donde se aplica el principio de prevención), por lo que es aplicado al caso de transgénicos. En una exposición en el Congreso de la República, el señor Ernesto Bustamante, quien en todo momento resaltaba el carácter científico de su discurso, y del debate que debía producirse, utilizaba el concepto de “riesgo” para referirse a una situación que el mismo describió como de “incertidumbre”, al indicar que no se conocían todos los efectos de los transgénicos. Ahora, ¿cómo se evalúa una situación de este tipo? Veamos los criterios generales para la aplicación del principio precautorio:

Al respecto son cincos los puntos centrales que deben considerarse al momento de aplicar el principio precautorio:

a) El principio se aplica ante una situación de incertidumbre científica. Ha existido una amplia discusión sobre la naturaleza de dicha incertidumbre. Aunque esta discusión no está cerrada, es apropiado sostener que aquella no implica la ausencia de hipótesis científicas sobre relaciones de causalidad entre determinados hechos, sino la existencia de hipótesis rivales o alternas.

b) Por lo tanto el principio no se aplica ante la simple ausencia de información sobre hechos. Sí se sabe que la presencia de ciertos metales pesados generan daños en la salud de las personas, pero el Estado carece de información sobre la presencia de dicho metal en su población, no debe invocarse el Principio Precautorio para tomar medidas, pues aquí no hay incertidumbre científica, sino falta de datos para adoptar las medidas que el conocimiento científico demanda. La adopción de medidas frente a situaciones de carencia de información para tomar decisiones, responde a otros criterios diferentes al principio precautorio.

c) La aplicación de Principio Precautorio se orienta a: i) evitar daños al ambiente, o ii) evitar daños a la salud o a otros bienes públicos, a través del daño al ambiente.

d) La definición de las “medidas precautorias” constituye el elemento práctico más complejo, pues se encuentra en el campo, no necesariamente excepcional, de tomar decisiones en situaciones de incertidumbre. Un primer requisito evidente es que la medida precautoria no puede generar más costos que los que originaría la situación a evitar, sobre la cual no hay precisamente certidumbre. Es por ello que hablamos de comparar medidas frente a escenarios probables, por lo que la medida tiende normalmente a ser conservadora, es decir, que no toma el peor escenario posible como punto de referencia para definir las medidas razonables.

e) Finalmente, como es lógico, resuelta la situación de incertidumbre, se tienen que adaptar las medidas, adecuándolas al consenso científico emergente.

Pero ¿quién decide la aplicación (o no) del principio precautorio?, ¿debe ser sólo un asunto de expertos?

Democracia e incertidumbre científica

Uno de los principales argumentos de los señores Bustamante y Grobman es que el tema de la regulación de los transgénicos es una discusión que debe someterse a criterios científicos, evitando que gente “no científica” (se entiende que en el tema de transgénicos) confunda a la población. Esta es una discusión clave en la política contemporánea. ¿Deben algunos temas ser excluidos de una discusión pública (no experta), en vista de su contenido altamente técnico o científico? Lo que puede ayudar a aclarar el punto es tener en claro qué es lo que se discute. Sí lo que está en juego es la validez de afirmaciones científicas sobre el impacto de los transgénicos sobre el ambiente y la salud, sin duda cabe una discusión científica dentro de la comunidad científica. Pero, aquí no está en discusión eso. Lo que está en juego es una decisión de alcance público, que va a afectar no sólo a los científicos (estén en lo correcto o no) sino a todos. Y sus implicancias no son sólo científicas (en el sentido de descartar o afirmar hipótesis científicas) sino también sociales y económicas. Es curioso que cuando un “no experto” afirma que los transgénicos generan daños, entonces tanto Bustamante como Grobman dicen “el que lo dice no es científicos, sólo los científicos deben opinar sobre este tema”. Pero cuando alguien dice “los transgénicos no nos convienen como negocio, o pueden generar impactos sociales relevantes”, entonces afirman “eso no es cierto”. Pero que se sepa, ninguno de los dos no es científico social. Usando sus mismos criterios, no podrían opinar, y deberían guardar silencio sobre un tema que no dominan (o lo hacen como ciudadanos informados y preocupados por el asunto, lo cual según ellos no es suficiente). Entonces, se requiere una discusión pública, en donde todos pueden opinar, pues podrían verse afectados. Esto no quiere decir dejar de lado la información científica (de todas las ciencias), sino por el contrario, incorporarla al debate. Pero al final, decidir entre opciones viables, es sin duda un acto político que no puede quedar en manos de sólo los científicos.

El Ministerio del Ambiente y los Transgénicos

El Ministro del Ambiente ha asumido públicamente una defensa de la agricultura orgánica (apoyada por la actual directiva de ADEX), prefiriéndola como vía de desarrollo frente a los transgénicos. La defensa es socioeconómica. Un grupo de la sociedad civil lo ha respaldado, lo cual es loable. El resultado es que el Presidente de la República ha solicitado la discusión pública del proyecto. El caso nos permite reafirmar los problemas de fondo de la política ambiental y de la posición del actual ministro. Toda la normativa dictada recientemente sobre la regulación de la biotecnología excluye al Ministerio del Ambiente. Este hecho ha sido además resaltado por el actual responsable del Instituto de Innovación Agraria (INIA), dependiente del Ministerio de Agricultura. El CONAM, y ahora el Ministerio del Ambiente, es sólo un punto focal de coordinación para la aplicación de los compromisos internacionales en materia de biotecnología, nada más. Lamentablemente, los argumentos de Agricultura son ciertos. ¿Qué instrumentos podría utilizar el Ministerio del Ambiente para enfrentar el tema? Uno que tiene a su disposición es solicitar una Evaluación Ambiental Estratégica de la Política de Biotecnología del Ministerio de Agricultura, que permitiría evaluar de forma integral sus ventajas y desventajas desde un punto de vista socioambiental. El problema es que de acuerdo con la legislación vigente éste no tendría porque aceptar. Otra posibilidad es obligar a una Evaluación de Impacto Ambiental a aquellos proyectos agrícolas que incluyan el cultivo de transgénicos (en la hipótesis probable que se autorice su utilización en cultivos). El problema, es que tanto la reglamentación, como la aprobación concreta del instrumento se encuentran en el Ministerio de Agricultura. Quizás la única herramienta (aunque todavía incompleta) podría ser el ordenamiento territorial. La Zonificación Ecológica Económica podría ayudar a tomar decisiones, pero debemos recordar que por el momento no es vinculante. Hay más posibilidades de éxito con el uso de herramientas para la conservación in situ, incluyendo las áreas naturales protegidas y las zonas de agrobiodiversidad (en Junín y Huancavelica se está avanzando en este punto). Una última opción es impulsar políticas públicas agrarias que favorezcan y alienten la agricultura orgánica, pero como hemos visto, esta no parece ser la opción del actual Ministro de Agricultura.

Por todo esto es que hemos insistido tanto en la necesidad de dotar al Ministerio del Ambiente de instrumentos que le permitan tomar decisiones frente a políticas sectoriales, a fin de mejorar sustancialmente la capacidad de implementar la Política Nacional del Ambiente. Lamentablemente el propio Ministro del Ambiente no ha entendido esta necesidad, y ha calificado de “legalistas” o “quejones” a quienes han venido alertando de estos problemas. Ojalá que esta experiencia en el tema de transgénicos lo ayude a cambiar de punto de vista y a entender el mundo de la gestión y las políticas públicas, en donde pocas cosas se resuelven sólo con la fuerza del convencimiento y una sonrisa.

Por cierto, aunque efectivamente puede ser una “incorrección” lo que se señala supuestamente hizo el Ministro Brack al ser “infidente” respecto de las cosas que pasan en el Consejo de Ministros (en realidad, no veo tal falta), ha sido en cambio no sólo incorrecto, sino inaceptable la actitud de Alexander Grobman, pues un “asesor ministerial” debe guardar también las formas, y no mandar a callar a un Ministro.